El profeta Deulofeu


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La columna. El Punt-Avui+ 10/06/13

Narcís-Jordi Aragó Masó.

El profeta Deulofeu.

El imperio español tiene fecha de caducidad: el año 2029. Según informaba este mismo diario, un grupo de jóvenes músicos, de esos que ahora proliferan con éxito, dedicó un concierto a la memoria de Alexandre Deulofeu (La Armentera, 1903-Figueres, 1978). Es una gran noticia que las nuevas generaciones rescaten el científico ampurdanés del ostracismo al que le empujaron sus coetáneos de las academias oficiales y los círculos del poder cultural dominante. Puedo dar fe del desprecio con que algunos historiadores titulados me hablaron de él cuando publicamos un artículo suyo en Presencia, tras un encuentro en la pequeña cabaña de madera que había construido él mismo en Ordis y donde iba cada tarde a cultivar el huerto y a tocar el violín.

Químico, físico, farmacéutico, de una personalidad compleja y de una erudición abrumadora, Deulofeu ya había escrito entonces ocho volúmenes de su Matemática de la historia, con una deslumbrante teoría: las sociedades humanas evolucionan según unos procesos biológicos perfectos -nacen, crecen, maduran, decaen y mueren durante un período de 5.100 años, pasando por grandes fases de crecimiento, plenitud y desintegración. De acuerdo con estos principios, Deulofeu hacía afirmaciones osadas que el tiempo no ha hecho más que confirmar: la URSS desaparecerá coma potencia mundial en la década de 2000, los Estados Unidos sufrirán un catástrofe espantosa, Alemania será la nueva dueña de Europa… Leída ahora, bajo la sombra de Merkel, la profecía del sabio ampurdanés es espeluznante: «A partir del año 2000, la hegemonía de Alemania se extenderá por toda la Europa mediterránea occidental y someterá los pueblos a un nuevo régimen de servidumbre».

Sostenía también que el imperio español tenía como fecha de caducidad el año 2029, momento en el que «se acabará la imposición unitaria y se transformará en una confederación de pequeñas comunidades». Patrícia Gabancho explica qué hizo el día en que ella le preguntó si Cataluña sería independiente: «Tomó una servilleta de papel, trazó sus curvas [...], permaneció en silencio unos minutos mirando el papel fijamente [...] «En 2017», dijo, serio, sin añadir ninguna palabra».

A ver si esta vez también acertará.